9 jun. 2013

La #LSP y los pequeños

#NOalaLSP: El pez gordo se come a los pequeños. P. Brueghel el viejo (1556)
Este dibujo de 1556, de Pieter Brueghel el Viejo, ilustra la Ley de Servicios Profesionales: unos ansiosos vandalizan un pez gordo lleno de pequeños peces [English text coming soon, sorry] 

El pasado 2 de junio La Sexta TV emitió la noticia "La futura Ley de Servicios Profesionales divide a los trabajadores de distintos sectores" [pincha aquí para ver] La locutora comienza diciendo:
"La futura Ley de Servicios Profesionales tiene a varios sectores divididos. Uno de los peor parados podría ser el de los farmacéuticos. El gobierno planea liberalizar el sector. De aprobarse el borrador de la Ley, cualquier particular, sin ser farmacéutico, podría ser propietario y titular de una farmacia. Esto permitiría la llegada de grandes cadenas de ventas"
No vamos a hablar de farmacéuticos —a quienes apoyamos— sino de arquitectos. Con esta Ley los pequeños farmacéuticos tenderán a desaparecer y las pequeñas firmas de arquitectos también. En caso de aprobarse el borrador de la Ley, la puerta del sector de la arquitectura estaría abierta a las grandes conglomerados de empresas que lideran el sector de la ingeniería. O lo que es lo mismo: ¡adiós pequeñas empresas!

Antes de seguir con la ley, nos gustaría hablar del modelo de "lo pequeño" en la arquitectura española. Estos comentarios se basan en nuestra propia experiencia profesional.

En las últimas décadas, en España floreció un modelo de pequeño estudio de arquitectura. Entre estos estudios pequeños encontramos unos enfocados a la obra pública, otros al sector privado o una mezcla de ambos. Todos conocemos ejemplos de profesores de universidad que paralelamente a la labor docente en sus pequeños estudios cuentan con una trayectoria brillante del ejercicio profesional, ya sea modesta o gruesa. También el caso de la generación más joven que empezamos temprano a practicar la arquitectura agrupados entre compañeros. En ambos casos, la fuente principal de encargos fue el sistema de concursos públicos. La crónica es más o menos esta: tras mucho trabajo e intentos, una vez ganado algún concurso, afortunadamente, aunque no siempre, continuaba la posibilidad de practicar con la redacción de proyectos y finalmente, la posterior obra y puesta en uso. El resultado tangible del trabajo de estos estudios pequeños dedicados a la obra pública está en nuestro entorno cercano: equipamientos públicos, viviendas sociales, espacios públicos, intervenciones en el patrimonio, acciones, experimentos e investigaciones,.. y además se puede estudiar en profundidad en las múltiples publicaciones que se han centrado en la arquitectura española. También más numeroso pero menos difundido, están aquellos arquitectos y estudios pequeños que han trabajado para el sector privado, atendiendo a encargos de todo tipo. Tantos unos como otros —aunque no todos, han practicado la arquitectura con mucha implicación en el proyecto, creyendo en un trabajo cercano al cliente, con el objetivo de llevar a cabo una obra bien realizada. Conocemos a multitud de amigos y compañeros arquitectos que siguen o han seguido este patrón; nosotros mismos hemos sido uno de estos estudios pequeños. La pequeñez era el valor y la intención profesional: seguir siendo pequeño para poder atender como se merece a una buena obra de arquitectura, sea la que sea. Uno, dos o tres proyectos al año han sido capaces de sostener estas estructuras. Unas estructuras que tenían además una repercusión en la economía cercana y local. La estructura no acababa en los dos, cinco o siete miembros fijos del estudio pequeño sino que se engrosaba cada vez que había un proyecto o una obra, se echaba mano y fomentaba una red de colaboradores. Pequeños motores económicos que activan la economía en general.

No nos confundamos. No todo ha sido ni es un camino de flores. En este transcurso, los estudios pequeños nos hemos tenido que enfrentar a un escenario a contracorriente:
1. Al continúo descrédito de la profesión, tanto por parte de clientes públicos como privados, para quiénes tu trabajo o era un mero trámite o directamente un estorbo; y como me dijo recientemente un brillante arquitecto amigo: "si tenían que hacer caso a alguien, los clientes preferían dar crédito a la voz del constructor o el obrero antes que a la nuestra, el verdadero profesional formado para ello".
2. A unos honorarios rebajados por los suelos. Esto tiene relación con el punto 1 a lo que se suma el aumento de la competencia entre un cada vez mayor número de arquitectos en práctica. Se agravó  por la voraz necesidad de un desbocado mercado de la construcción y ahora, en un panorama de escasez, por pura necesidad— ver noticia Cientos de arquitectos tiran sus honorarios por los suelos ante la falta de trabajo (El Confidencial). Sería muy interesante que el ministerio responsable, Economía o Hacienda, publicara datos de los resultados de la declaración de la renta del gremio de arquitectos, especialmente de los pequeños. Creo que nos asombraríamos.
3. A la sofisticación del ámbito normativo-técnico. Esta necesaria y loable reforma de las leyes, ha conllevado una continúa inversión en tiempo y dinero para la actualización de nuestra actividad, y también nos ha obligado a afrontar nuevos gastos —sin aumentar los ingresos, incluso rebajándolos. La especialización ha dictado incorporar una valiosa colaboración con otros profesionales, pero muchas veces con cargo a los honorarios de arquitecto, sin estos haberse visto modificados. Las cuentas de toda empresa son fáciles: Ingresos - Gastos = Beneficios o Pérdidas. En esta fórmula, con los gastos por las nubes y los ingresos por los suelos, los estudios pequeños o tienen beneficios precarios o directamente pérdidas.
4. En esta lista de obstáculos, no dejaremos atrás la autocrítica. Nos hemos tenido que enfrentar a nosotros mismos como colectivo. Primero, una práctica que arrastra ejemplos nefastos, fruto de errores puntuales y también de bastante mala praxis; visibles en todas las ciudades y comentado en todos los corrillos de quiénes no son arquitectos. Algo que debe reconocerse y corregirse desde la propia profesión. Segundo, una profesión que se aferra a una práctica ensimismada, alejada de la realidad social y prepotente a veces. La visión del arquitecto debe cambiar y apostar por ser un agente activo y una parte más en los procesos en los que participa. Y tercero, la organización profesional, los Colegios, que en general ni han estado ni se les ha esperado en la defensa de la arquitectura. En este caso de la LSP, al menos nosotros y así lo sugerimos a compañeros, pensamos que debemos otorgarle nuestra confianza como representantes nuestros que son. La responsabilidad de los colegios es máxima, ellos son los principales interlocutores, y esperamos que sepan salir de este embrollo. Cuenten con nuestro apoyo. Aunque no debemos olvidar que su credibilidad como institución gremial, entre los arquitectos colegiados, ya precaria, está realmente en juego en las negociaciones de esta Ley.

Ante este panorama, lo normal es que usáramos una expresión inglesa muy clara: "I quit" que en español sería "Me largo". Sin embargo, aquí seguimos, erre que erre. ¿Por qué? En nuestro caso, encontramos dos razones principales:
1. Aunque suene a tópico manido, los arquitectos, bueno de los que hablamos en esta entrada, creemos en la arquitectura. A veces la pasión por nuestra práctica es cegadora e incluso tan romántica que nos lleva a ponerla demasiado arriba, y vemos arquitectura en todo aquello que nos rodea. Como comprenderéis nos cuesta cambiar de registro y deshacernos de lo que queremos y en lo que creemos tras años de enfoque y concentración.  
2. Llegar hasta dónde hemos llegado, arquitectos, no ha sido ni gratis ni rápido. La inversión, tanto en tiempo —como mínimo 6 años de carrera y centenas de horas semanales de dedicación— como dinero —enlazo aquí al post Yo he costado 230.000 euros a los españoles de la compañera Blanca Espigares— ha sido extremadamente alta. En término económicos el capital humano del arquitecto —capacidades, conocimientos y destrezas— no se adquiere de la noche al día ni llega de modo infuso ni por obra del espíritu santo.

¿Cómo deshacernos ahora del camino recorrido, del esfuerzo, de la concentración y atención prestada a ser arquitectos? ¿Actúa responsablemente el Gobierno tirando por la borda la inversión pública que ha significado nuestra formación y posterior trayectoria profesional?

No sabemos lo que pasará finalmente, porque ya está anunciado que la #LSP estará lista a principios de julio, es decir a la vuelta de la esquina. Mientras denunciamos que esta Ley está enfocada a que el pez grande se coma a los pequeños pero, ¿es esto lo que realmente quiere y necesita la sociedad en estos difíciles tiempos? La pregunta enunciada es ¿Arquitectura sin arquitectos? — para la respuesta lee aquí la opinión del arquitecto Ricardo Aroca. El Ministerio para responder debería atender a La situación actual en el sector de la arquitectura y la competitividad —lee aquí el análisis del Sindicato de Arquitectos de España a partir de los datos del INE.

Pensamos que no y las cosas que suceden en nuestro entorno o que conocemos por las redes indican lo contrario, que es tiempo de que acabe David con la cabeza de Goliat; y seamos muchos pequeños y ninguno gordo. Ojalá el Gobierno rectifique y redacte una nueva LSP en la que defienda a los muchos pequeños y no a un gordo; y mucho menos a los ansiosos, valga para el caso de los arquitectos y los farmacéuticos.

La #LSP que pedimos: David con la cabeza de Goliat, Caravaggio (c. 1600)

Créditos:
-Pieter Bruegel the Elder. Big Fish Eat Little Fish, 1556 (Quill pen and brush in grey and black, with transferral lines) © Albertina, Vienna
-Michelangelo Merisi, gen. Caravaggio. David mit dem Haupt des Goliath, um 1600/01. (Pappelholz, 90,5 x 116cm)  © Kunsthistorisches Museum Wien, Gemäldegalerie

4 comentarios:

Javier Ricardo Simón Niño dijo...

Enhorabuena por tu escrito, con el que me siento absolutamente identificado. La frase "La pequeñez era el valor y la intención profesional: seguir siendo pequeño para poder atender como se merece a una buena obra de arquitectura" resume mi vida profesional, la de un arquitecto francotirador que ahora, más que nunca, trata de ejercer de arquitecto de cabecera, de proximidad para una sociedad que en estos tiempos observa impávida el derrumbe de todo tipo de instrumentos sociales y de valores culturales que intentaban procurar su progreso y bienestar, sustituidos por una biblia neocon revelada por el capital al "libre" mercado y que los entes que nos gobiernan aplican con frición.

kauh dijo...

Gracias por tu comentario, Javier. Desde las altas esferas económicas siempre se ha dicho que nuestras estructuras pequeñas eran económicamente poco productivas. Claro, que ellos siempre entendieron la productividad desde un punta de vista meramente especulativo: hacer lo mínimo, ganar lo máximo. El resultado de su "productividad" es este panorama desolador en el que estamos. Evidentemente, ellos no saben hacer otra cosa, y por eso insisten en los mismo pasados los años. Los pequeños trabajamos muchísimo y producimos —acompañando a nuestras arquitecturas— riqueza real: vínculos emotivos con los clientes, debate sociocultural, salarios y honorarios reales justos (tanto en términos "ajustados", demasiado a veces, como en términos dignos y suficientes) repartidos entre autores, colaboradores, papelerías, librerías, cafeterías, el coche, la gasolina, propietarios de los espacios de trabajo, el del kiosko de la esquina y un largo etc. Los que se han inventado esta ley son los que llamamos "los ansiosos" del grabado, es decir, un grupo de personajes difusos y anónimos, vagos y sin escrúpulos, que sin producir absolutamente nada se aprovechan del trabajo y del esfuerzo de los demás, ya sea de nosotros, los pequeños, ya sea de sus amigos, los grandes.

Carmen Paz dijo...

Me parece que está bastante bien planteado, me gusta oír lo de la autocritica casi por primera vez aunque me falta algo más de autocritica también en los puntos del descrédito y honorarios, porque también habría que preguntarse si tenemos algo que ver en que la sociedad nos vea asi y le incomode pagar por nuestros servicios (no ha sido así siempre). Cuando se habla de estudios pequeños estoy echando en falta también una crítica a todos esos estudios pequeños que no pagan el sueldo mínimo y con contrato a sus empleados, o a sus falsos autónomos (en la mayoría de los casos hasta hace poco), que por cierto, son otros arquitectos, a los que se les está haciendo también un flaco favor y por tanto devaluando también profesión. Estos estudios que a veces parecen los mártires, con este tipo de prácticas, son también parte del problema. No pagar a nuestros empleados y promover concursos en los que el primer y único premio es de 3000 euros a cambio de mucho trabajo de muchas personas sin exigir que se cobre por concurso no ayuda mucho a que nosotros mismos valoremos nuestros honorarios en su correcta medida, a veces lamentablemente tampoco la pasión por la arquitectura ayuda, crea la falsa ilusión de que trabajamos porque nos gusta, y no de que trabajamos para vivir de ello, afortunadamente en algo que nos gusta. Lo de la mala praxis y la construcción de unas ciudades urbanística y arquitectónicamente poco empeorables no han sido unos pocos, han sido los arquitectos, la gran mayoría de esa profesión que defendemos con romanticismo. Todo esto es solo una petición para que suene mas creíble la defensa de nuestra profesión. Es peligrosísima la liberalización de la profesión y la desaparición del pequeño a favor del grande incluso al igual que hay un número limitado de farmacias debería haberlo de estudios de arquitectura (y por tanto de arquitectos). Y me encantaría escuchar que para volver a dignificar la profesión se luchara contra todo aquel que trabaje gratis (nos destruye al resto que pensamos que eso se llama tener un hobi) contra los concursos ilimitados no remunerados y contra los que no pagan dignamente a los que trabajan para ellos, en general, contra todo lo que devalúa la arquitectura como profesión.

kauh dijo...

Hola Carmen. Muchas gracias por tu comentario. Estamos de acuerdo en tus apreciaciones. Nuestra opinión es imperfecta e inacabada, y cada uno de los puntos podría dar lugar a una entrada completa. Da gusto ver cómo provoca reacciones y nuevas reflexiones al hilo. El tema de la precariedad laboral y el abuso entre arquitectos, que no todos, es un tema que merece ser denunciado y regulado, eso si que debería estar en una #LSP; anotamos la llamada de atención. Los concursos es un tema que nos interesa mucho y da para una buena charla, y debería ser otro de los temas claves en el debate de la profesión. Y el romanticismo, pues hay que ponerle cotas, la fortuna es vivir y trabajar honradamente de lo que a uno le gusta, cree y ha sido formado.