18 jun. 2015

Antonio Jiménez Torrecillas, in memoriam

Ahí estaba él, sentado, en silencio sin decir nada durante unos segundos, mirando hacia arriba, al techo, concentradamente. Después se giró y con una enorme sonrisa dijo que le encantaba la mancha de pintura blanca que se había dejado sobre la madera basta de la viga. Ese era Antonio Jiménez Torrecillas.

Se había acercado a nuestra casa con su familia, aquella mañana a los pocos meses de nuestra llegada a Granada. Por fin éramos vecinos, siete años después de nuestro primer encuentro en el que unimos unos puntos —coincidencia personales— que nos alucinaron. Desde entonces lo habíamos visto quizás cinco o seis veces, como mucho, tomado el té juntos (una vez) y unas cervezas (otra vez más). Suficientes para que pensáramos que unos de los aspectos más ilusionantes de mudarnos de Sevilla a Granada era que seríamos vecinos. Nuestra única visita a su casa, hace siete años, y su única visita a la nuestra hace dos, tendrán que contar ahora por mil tés, mil cervezas y mil tapas compartidas.

Desde aquí, quisiéramos rendir un pequeño homenaje a este gran arquitecto recordando cómo le conocimos. Acabábamos de empezar nuestra etapa como codirectores, junto con Paula Álvarez, de la revista Neutra del Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. Era aquel un proyecto editorial complejo y estimulante, y habíamos formado un equipo con compañeros arquitectos para llevar a buen puerto la abrumadora tarea que era publicar una revista que hablaba de arquitectura y ciudad. La parte principal de cada número se dedicaba a artículos, ideas y propuestas que giraban en torno a un tema específico y los contenidos abarcaban aportaciones que iban desde lo local a lo global. Sin embargo, no queríamos perder la oportunidad de publicar y enseñar obras que se producían en Andalucía que no necesariamente tenían que ver con los temas de cada número. Así fue cómo surgió la sección Presentes: en un formato de ficha y como invitación a ir a visitar la obra en persona, mostrábamos proyectos construidos que ilustraban la producción arquitectónica andaluza contemporánea. El Presente nº7 del primer número que sacamos fue la intervención de Jiménez Torrecillas en la Muralla Nazarí, junto a San Miguel Alto, en la zona más elevada del Albaicín, Granada.

Los tres recordamos con claridad el momento en que este proyecto apareció sobre la gran mesa en torno a la que nos reuníamos, una vez al mes, con todo el equipo editorial. Antonio González Liñan propuso sacarlo, y no solo nos enseño un material excepcional —fotos, textos, planos— sino que nos contó toda su historia: cómo había sido construido y cómo, en medio de todo el proceso, muchos sectores de la sociedad granadina lo habían criticado, e incluso como alguno de esos grupos exigía su demolición. Por supuesto a todos nos sorprendió oír todo aquello y la obra de la Muralla se convirtió en la primera y probablemente la única obra que publicamos sin más discusión.

Víctor Pérez Escolano, miembro de nuestro consejo asesor, propuso que fuéramos incluso más allá. Nos dijo que hiciéramos una excepción en esta sección en la que nos limitábamos a mostrar obras y sus datos prácticos relacionados y que escribiéramos un breve texto defendiendo y pidiendo la defensa del proyecto. Y así hicimos, incluyéndolo en el índice y marcando ese número 7 en rojo.

Reseña en el índice de Presente / Note in the index of Presentes
Con este número de la revista en la calle, el primero de nuestra etapa de gestión, recibimos todo tipo de comentarios y críticas. Pero en lo que todo el mundo estaba de acuerdo más allá de lo que pensaran de la revista en su conjunto, era que el proyecto de la Muralla de San Miguel Alto, que por aquel entonces ya había sido ampliamente difundida en otros medios, merecía no solo la admiración de todos, pero todo el respeto y una defensa contundente.

Recibimos una llamada de Antonio, quien en un tono rebosante de alegría se dirigió a nosotros como si nos conociéramos de siempre, y eso que nunca nos habíamos visto. Dijo que teníamos que quedar la próxima vez que pasáramos por Granada. Y así hicimos, y tomamos un té con él —esa única y exclusiva taza de té— en una pequeña terraza de su casa, mirando al Albaicín y al Sacromonte, junto a antiguos lienzos de muralla, a unas decenas de metros de su intervención.

Con el tiempo nos mudamos a Granada y hemos llegado a comprender mejor las complejidades de este proyecto. Vivimos a unos 10 minutos andando, cuesta arriba, de la Muralla y a menudo paseamos por ahí, ese espacio abierto y algo salvaje que es conocido como el cerro de San Miguel. A todos los efectos es un espacio público, pero no se podría decir que es un parque: hay caminos, algo de vegetación silvestre, grupos de cuevas, la mayoría abandonadas pero otras ocupadas, algunas de cuyos habitantes han plantado pequeños jardines y huertos. Hay montañas de escombros, un par de casas más convencionales, y en todo lo alto hay una vieja ermita, San Miguel Alto. Desde el mirador que tiene delante se contempla Granada en todo su esplendor. La Muralla está a pocos pasos cuesta abajo desde la iglesia, y la manera delicada en la que se inserta esta pieza contemporánea entre los lienzos medievales de la muralla es lo primero que llama la atención en tan duro contexto. El sitio adolece de cualquier tipo de mantenimiento, pero aún así es difícil no admirar la belleza de la intervención con todos sus matices de materialidad, cromatismo y luz. Una vez finalizada la obra, le pidieron a Antonio que abriera un paso más directo que el proyectado para comunicar ambos lados de la muralla. Sin más, lo hizo. La técnica constructiva empleada y la composición de la pieza lo permitían y ahí está en uso el nuevo acceso funcional que algunos de los habitantes de la zona reclamaban.

Diez años después de su construcción, la Muralla permanece. Junto con toda una colección de obras, la mayoría tan cerca de su estudio que podría ir a ellas en bicicleta, tal y como Antonio expresó en la personal reseña curricular que nos envió para aquella publicación.

Pero Antonio, el arquitecto, el marido, el padre, el hermano, el profesor, el amigo, el vecino, ya no está.

Sin embargo, antes de irse tuvimos la suerte de que nos dejara, en uno de los esporádicos emails que nos intercambiamos en estos últimos dos años, una definición de arquitectura que nos parece una manera fantástica de mirar hacia delante:
"La arquitectura es una forma pacífica de cambiar las cosas"

Neutra 14. Presentes 07
He sat there quietly for a few seconds, intently staring up at the ceiling. Then he turned to us and with a huge smile said that he really liked the blotch of white paint that had been left on the rough surface of the wood beam. That was Antonio Jimenez Torrecillas. 

He had walked over to our house with his family, that morning a few months after our arrival in Granada. We had finally become neighbors, seven years after a first encounter in which we connected a series of dots—personal coincidences—that blew our minds. Since then, we had seen him five or six times at the most, had tea, once, and some beers, once. Enough for us to consider that one of the most exciting aspects of moving from Sevilla to Granada was that he would be our neighbor. Our one visit to his house seven years ago and his one visit to ours two years ago will now have to count as hundreds of shared teas, beers and tapas.

We would like to pay tribute to this great architect by recalling how we met him. We had just begun our stint as the co-editors, along with Paula Alvarez, of Neutra, the architecture review of the Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. It was a complex and exciting editorial project, and we had formed a team of fellow architects to carry out the daunting task of publishing a magazine that had architecture and the city as its theme. The core of each issue was dedicated to articles, reflections and proposals that revolved around a specific topic and the contents included a range of local and international contributions. Nevertheless, we did not want to miss out the chance of publishing and showing work produced in the region of Andalusia that did not have to do 
necessarily with the theme of each issue. That is how the section Presentes came about: there, in index-card format and as an invitation to visit each work, we showed built projects that illustrated contemporary Andalusian architectural production. Presente #7 of the first issue we published was Jimenez Torrecilla's intervention on the Nasrid Wall, next to San Miguel Alto, at the very top of the Albayzin in Granada.

The three of us remember clearly when this project showed up on the large table we sat around, once a month, with the entire editorial staff. Antonio Gonzalez Liñan, one of the members of our team, had proposed publishing it and not only showed us the amazing materials—photos, texts, plans, but told us the story behind it: how it had been built and how, in the midst of the process, many sectors of Granada's society had criticized it, and even how some groups demanded its demolition. Of course we were all shocked to hear this and it became the first and probably the only project that we published without further discussion.

Victor Perez Escolano, a member of our advisory committee, proposed that we go even further. He told us that, as an exception in this section where we merely showed works and their related practical information, we should write a short text defending the project. We did, included it in the index and highlighted its number 7 in red.

Once the magazine was out, the first issue under our management, we received all kinds of reviews and feedback. But everybody agreed, regardless of their opinion of the magazine as a whole, that the project of the Nasrid Wall, which by then had been widely published elsewhere, deserved not only the admiration of us all, but the utmost respect as well as a forceful defense.

We got a call from Antonio, who in a beaming tone spoke to us with warmth and total familiarity even though we had never met. We had to see each other the next time we stopped by Granada, he said. And we did, and had tea with him —that one and only cup of tea— at his house, on a small terrace, overlooking the Albayzin and Sacromonte, right next  to the old defensive wall and just a few dozen meters away from his intervention.

In time, we moved to Granada and have come to understand the complexities of this project. We live a 10 minute up-hill walk away from the Wall, and often take hikes in the area, a wild open space known as the Cerro de San Miguel. It is a public space to all effects, but is hard to classify as a park: there are paths, some vegetation, clusters of caves. Most are abandoned, but some are inhabited and some of their dwellers have planted small gardens and orchards. There are mounds of rubble, and a couple of more conventional houses, and at the very top there is an old church—San Miguel Alto. From its front steps one grasps Granada in its full majesty. The Wall is a short way downhill from the church, the delicacy of the insertion of this contemporary element between older stretches of wall is what immediately stands out in such a wild context. The place is grossly under kept, but it is impossible not to appreciate the beauty of the intervention and all of its nuances. At one point
, after completion, Antonio was asked to create another, more direct access way than the one originally designed to communicate both sides of the wall. No problem. The construction technique and composition allowed it and there it is: the new functional pathway some inhabitants of the area had requested. 

Ten years after its construction, the Wall endures. As well as other great projects, most a bicycle ride away from his office, just like he said in the short and very personal CV  he submitted for the publication.

But Antonio, the architect, the husband, the father, the brother, the professor, the friend, the neighbor, has left us.

However, we were lucky enough to generously receive from him, in one of our sporadic email exchanges over these last two years, a definition of architecture that is a wonderful way to look ahead with a smile:

"Architecture is a peaceful way of changing things."

 ¿Qué es arquitectura? / What is architecture?



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